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lunes, 1 de febrero de 2016

Riesgos del cascadeo piramidal


El cascadeo es un proceso comunicacional a través del cual un tema permea todo el entramado conversacional de una organización, transformándola en sus haceres y resultados.

Por lo general, las organizaciones que se definen a través de un modelo piramidal, con una marcada tendencia a querer conservar una estructura jerárquica, eligen que este proceso se haga desde los niveles más altos a los más bajos.

Esta es una posibilidad que tiene ventajas pero que conlleva sus riesgos. Uno de ellos - que considero más importante- es que el tema que se coloca en las conversaciones se entienda como una instrucción que se debe obedecer y no como un tema abierto a la participación, ajustándolo al entramado relacional que hace a la organización posible.  

El segundo riesgo es que -quien toma la palabra para iniciar el proceso de cascadeo, tal vez impostado en su autoridad- se limite a informar, desperdiciando la oportunidad de escuchar al otro, legitimándolo en sus dudas, sus aportes y discrepancias que, no por ser silenciadas, dejan de darle una impronta a la calidad relacional que hace a la organización posible.

El tercer riesgo que observo es que, los primeros en desencadenar el proceso de cascadeo –es decir, lo cargos de más alta jerarquía- se sienten catalizadores de un cambio donde todo resulta transformado menos ellos mismos. Suelen definirse como directores y no ejecutores. No se puede pretender en el otro lo que uno no es capaz de dar.

Ahora bien, la ventaja más importante de esta modalidad es que los cargos más altos participan sí o sí en el proceso. No hay alternativa de exclusión para la franja entre directivos y gerentes. Y es que con la  participación de los cargos decisorios todo es posible, y con su indiferencia nada tiene sentido. 

viernes, 30 de noviembre de 2012

Contar historias





Como capacitadora (y también desde otros roles, como el de mamá, por ejemplo) nunca dejaré de sorprenderme del poder que tienen las historias para compartir una experiencia.  

Sentarse en una mesa o pararse frente a un grupo y decir cualquier variante de “ érase una vez”, es una fuerza que llama la atención de los presentes de manera poderosa.

Se trata de un magnetismo que se suele comparar con la fascinación del hombre por el fuego, el poder de una fogata para convocar a la tribu.

Relatar una experiencia, así sea ajena, así haya ocurrido “hace mucho, mucho tiempo”, siempre compromete a quien la emite, su cuerpo, su voz y su emoción se coloca por entero en lo que se cuenta. (¿Y es que acaso pueden llegar a nuestra boca palabras que signifiquen cosas que nos sean realmente ajenas?)

Valoro el relato como capacitadora, porque tiene la virtud de cambiar el ambiente, de modificar el ánimo, de dejar en quien escucha imágenes que no se borrarán nunca. 

viernes, 2 de noviembre de 2012

Conocimientos que no sirven




Cada vez que hago un taller tengo muchos motivos para estar contenta y agradecida, uno de ellos es que en cada encuentro hago siempre una nutrida cosecha de ejemplos.

Hace unos días, visité San Juan, Argentina, y conocí en un taller a Diego, un enfermero que me regaló esta historia a propósito de estar conversando de saber escuchar al otro, de manera activa, integral, responsable, comprometida, coherente.

Trabajando Diego en una comunidad rural de su provincia, encontró a una señora saliendo del consultorio médico. Como Diego sabía que la señora estaba enferma, apuró el paso para preguntarle: ¿Señora, qué le dijo el médico? “No me dijo nada, me revisó, y me dio estas indicaciones”, le dijo a Diego, mostrándole una serie de recetas que llevaba en la mano, órdenes de exámenes, además de algunas listas de alimentos que se le prohibía comer. “Lo que pasa -culminó la señora- es que yo no sé leer”.

¿Pérdidas? Muchas, de tiempo, de dinero, incluso vidas se pueden ir en este tránsito de no escuchar. Y es que escuchar es una actividad que debe hacerse con todos los sentidos, y pasa por invitar al otro a hablar, por hacerle preguntas que van más allá de lo obvio, cosa que -en este ejemplo- el médico no hizo.

Todos los conocimientos de ese doctor de nada sirven, si no sabe escuchar.  
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